La relación entre el tabaco y la gastronomía no ocurre en el plato, sino en la pausa que lo sigue. En la sobremesa, el humo no compite con los sabores: los prolonga, los ordena y los fija en la memoria sensorial. Comprender este diálogo es entender que el tabaco no es un exceso, sino el último gesto consciente de una experiencia bien vivida.
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